Para qué sirve la ONU: historia, logros reales y la incapacidad de detener guerras
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Origen de la ONU y sus objetivos fundacionales
La Organización de las Naciones Unidas nació en 1945 con la promesa de ser el guardián de la paz tras la Segunda Guerra Mundial. Su Carta fundacional estableció objetivos claros: evitar guerras, promover el respeto a los derechos humanos y fomentar la cooperación internacional.
A casi ochenta años de su creación, los resultados son contradictorios. Mientras organismos como la FAO o el Alto Comisionado para los Refugiados muestran avances concretos en alimentación y protección de desplazados, la ONU ha fracasado de manera reiterada en detener conflictos armados. La causa principal de esa ineficacia no es otra que el derecho a veto de las potencias, que bloquea cualquier acción real cuando los intereses de los imperios están en juego.
La creación de la ONU tras la Segunda Guerra Mundial
En abril de 1945 se celebró la Conferencia de San Francisco, donde cincuenta países firmaron la Carta de las Naciones Unidas. Fue el resultado de la devastación y la conciencia de que la humanidad debía construir un sistema que asegurara que el horror global no se repitiera. En el diseño original se estableció un Consejo de Seguridad con cinco miembros permanentes dotados de poder de veto (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China). Aquella prerrogativa, presentada como garantía de consenso, pronto se convirtió en la mayor traba para la acción colectiva.
Objetivos de la ONU: paz, seguridad y cooperación global
Los fines que se propuso la ONU fueron preservar la paz mediante negociaciones, arbitraje, misiones de paz, sanciones y mecanismos legales. También buscaba la cooperación internacional en salud, educación, medio ambiente, alimentación y asistencia humanitaria. Además, el compromiso con los derechos humanos quedó plasmado en la Declaración Universal de 1948. En el papel, esos objetivos parecen incuestionables, pero la realidad muestra que en los conflictos armados prevalece el interés de las potencias.
Logros concretos: FAO, ayuda humanitaria y la protección de refugiados
Fuente: Commons.wikimediaEn el campo de la alimentación, la FAO ha sido clave en la lucha contra el hambre, la nutrición y la agricultura sostenible. Sus programas en América Latina y el Caribe ayudaron a reducir la pobreza rural y a fortalecer políticas de seguridad alimentaria. En paralelo, ACNUR ha brindado refugio y asistencia a millones de personas desplazadas, garantizando educación, salud y protección a quienes huyen de la guerra o la persecución. Estas son áreas donde la ONU demuestra utilidad concreta y tangible.
El derecho a veto y la parálisis de la ONU frente a las guerras
El mayor obstáculo para que la ONU cumpla su misión fundacional es el derecho a veto que poseen Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unido. Esa prerrogativa convierte al Consejo de Seguridad en un espacio de disputas geopolíticas donde lo que se bloquea no son los conflictos, sino las soluciones. Desde Palestina hasta Ucrania, desde Siria hasta Yemen, las resoluciones se convierten en papel mojado apenas chocan con los intereses de las potencias. La ONU es prisionera de una estructura que consagra la desigualdad entre naciones y perpetúa la lógica imperial.
Casos recientes que muestran la incapacidad de detener guerras
La guerra en Gaza, la invasión rusa a Ucrania o los conflictos en África muestran el límite del sistema. La ONU emite declaraciones, aprueba resoluciones, hace llamados humanitarios, pero no logra frenar la violencia ni proteger efectivamente a las poblaciones civiles. Los vetos en el Consejo de Seguridad son la explicación central: un solo país puede impedir que se sancione a un agresor, que se despliegue una fuerza de paz o que se ejecute una acción colectiva.
El discurso de Trump hoy (23 de septiembre de 2025) ante la Asamblea General de la ONU
Donald TrumpImagen: Commons.wikimedia
El discurso de Donald Trump ante la Asamblea General dejó en claro la contradicción actual del organismo. Trump acusó a la ONU de ser incapaz de detener guerras, de limitarse a “cartas enérgicas” y “palabras vacías”. Rechazó el reconocimiento de Palestina como Estado, lo presentó como un premio a Hamás y condenó la agenda climática llamándola “la mayor estafa de la historia”. En línea con su nacionalismo, criticó la migración global y responsabilizó a la ONU de “financiar rutas ilegales”. Su mensaje fue claro: la ONU no sirve para garantizar la paz ni para proteger el planeta. Sin embargo, paradójicamente afirmó que Estados Unidos “apoya al 100 % a la ONU”. Para América Latina, estas palabras confirman que la ONU está atada al vaivén de las potencias y a la política interna de Washington. El multilateralismo que necesita el mundo choca contra una estructura dominada por intereses imperiales.
El futuro de la ONU: multilateralismo o decadencia
América Latina y el Sur Global reclaman una ONU reformada, donde el derecho a veto no sea un privilegio colonial y donde todas las naciones tengan voz y voto en igualdad. El planeta enfrenta desafíos que ningún país puede resolver en soledad: el cambio climático, las pandemias, el hambre, las migraciones forzadas. Negar la realidad del calentamiento global, como hace Trump, significa condenar a las futuras generaciones. El mundo necesita un multilateralismo real, no un organismo cautivo de cinco potencias.
¿Para qué sirve realmente la ONU hoy?
La ONU ha servido para mejorar la vida de millones de personas a través de sus agencias, ha dado voz a los pueblos en foros internacionales y ha establecido principios universales de derechos humanos. Pero a la hora de detener guerras, su ineficacia es evidente. El derecho a veto paraliza cualquier intento de paz y permite que las potencias hagan y deshagan a su antojo. Para los pueblos latinoamericanos, el desafío es luchar por un mundo sin imperios, donde la cooperación internacional sea real y donde se defienda el medio ambiente y la vida antes que los intereses geopolíticos. La pregunta que queda abierta es si la ONU puede reformarse para cumplir ese rol, o si estamos ante el final de un organismo que perdió su razón de ser.
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