IMPSA: la privatización que marca el retorno del coloniaje industrial argentino

 


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Una empresa estratégica, símbolo de la ingeniería nacional, fue entregada a capitales norteamericanos bajo la promesa de “eficiencia” y “modernización”. Lo que se esconde es una nueva forma de dependencia tecnológica.

IMPSA: la privatización que marca el retorno del coloniaje industrial argentino

La primera entrega del patrimonio nacional bajo la era Milei

En enero de 2025, el gobierno de Javier Milei concretó lo que denomina “la primera privatización de su gestión”: la transferencia de la mayoría accionaria de IMPSA (Industrias Metalúrgicas Pescarmona S.A.) a un consorcio estadounidense encabezado por ARC Energy y el Industrial Acquisitions Fund (IAF), ambos registrados en Delaware, un paraíso fiscal preferido por las corporaciones norteamericanas.

Lo que el discurso oficial vende como “inyección de capital extranjero” es, en realidad, una nueva entrega del aparato productivo argentino a intereses foráneos. Una operación justificada en nombre de la “eficiencia” y la “modernización”, pero que encubre el traspaso de un activo estratégico a fondos opacos cuyo verdadero objetivo es la especulación, no la producción.

De empresa nacional a símbolo del desguace industrial

IMPSA nació en Mendoza hace más de un siglo y se convirtió en emblema de la ingeniería metalúrgica nacional. Fabricó turbinas hidroeléctricas, equipos para generación de energía, grúas portuarias y componentes nucleares. Exportó tecnología a América Latina, Asia y Europa.

Fue una empresa clave en proyectos soberanos: Yacyretá, Atucha, el CAREM, represas y parques eólicos.
Pero tras la crisis financiera global de 2008 y problemas en contratos internacionales, la firma quedó al borde de la quiebra.

En 2021, el Estado argentino y la provincia de Mendoza decidieron rescatarla para preservar 650 empleos calificados y mantener la capacidad tecnológica del país. IMPSA pasó entonces a ser una empresa mixta con participación estatal mayoritaria.

Cuatro años después, ese esfuerzo colectivo fue barrido por la lógica privatizadora de un gobierno que entiende al Estado solo como un obstáculo.

El desembarco de ARC Energy y la máscara de la “eficiencia privada”

El 8 de enero de 2025 se anunció la transferencia de las acciones de IMPSA a un consorcio liderado por ARC Energy, empresa estadounidense presidida por Jason Arceneaux, mediante un fondo llamado Industrial Acquisitions Fund (IAF).

El acuerdo implicaba una “inversión” de 27 millones de dólares y la renegociación de una deuda de 576 millones, a cambio del 84,9 % de las acciones.
Una suma irrisoria para una compañía con equipamiento, contratos y conocimiento técnico de nivel internacional.

Delaware, donde se registró el fondo comprador, permite ocultar la identidad de los beneficiarios reales. En otras palabras, no sabemos quién compró IMPSA. Detrás del nombre “ARC Energy” pueden esconderse fondos especulativos o capitales ligados al complejo militar-industrial norteamericano.

Privatización a precio vil

La operación se presentó como un “éxito del libre mercado”, pero las consecuencias fueron inmediatas:

  • El Estado nacional dejó de pagar contratos vigentes con la CNEA, Yacyretá y el Ministerio de Defensa.
  • Los trabajadores empezaron a cobrar en cuotas y se paralizaron proyectos.
  • No ingresaron inversiones ni mejoras operativas.
  • Se denunciaron despidos y vaciamiento progresivo de la planta mendocina.

El gobernador Alfredo Cornejo, que había avalado la venta, ahora reclama a Nación los pagos atrasados. Es decir, la empresa privatizada sigue dependiendo del Estado, aunque el discurso oficial proclame su “autonomía”.

La entrega de una empresa estratégica

IMPSA no fabrica tornillos: fabrica tecnología para la soberanía energética y nuclear.
Sus capacidades en ingeniería de turbinas, reactores y generadores son únicas en Sudamérica.

Ceder el control de esa infraestructura a un fondo estadounidense equivale a entregar información, know-how y control energético.
ARC Energy no es una empresa industrial; es una firma de adquisiciones. Compra compañías en crisis, las “reordena” y luego las revende o desmantela.

IMPSA puede convertirse en una marca vacía, usada para licitar proyectos en Latinoamérica mientras su producción se traslada fuera del país. La soberanía tecnológica se diluye, y con ella la posibilidad de un desarrollo independiente.

“Friendshoring”: el nuevo nombre del colonialismo

EE.UU. llama friendshoring a la reubicación de cadenas productivas en países “amigos” que garanticen alineamiento geopolítico.
La privatización de IMPSA encaja perfectamente en esta lógica: convertir a Argentina en proveedor subordinado dentro de la esfera estadounidense.

Ya no se necesitan invasiones ni golpes militares. El control llega a través de fondos, fusiones y “alianzas estratégicas”.
La ocupación es ahora financiera y tecnológica. Las empresas pasan a ser colonias dentro de la Nación.

El Estado mínimo como pretexto para la entrega

El discurso de Milei repite que “el Estado no debe tener empresas”. Pero cada vez que Argentina renunció al control de su industria, el resultado fue el mismo: pérdida de soberanía y dependencia extranjera.

En los noventa, la privatización de YPF, Aerolíneas y los ferrocarriles destruyó el tejido industrial.
Hoy se repite el ciclo. El Estado se retira, pero sigue pagando contratos y subsidios a las empresas extranjeras.
Privatizan las ganancias y socializan las pérdidas.

La deuda como instrumento de dominación

La deuda de IMPSA fue el argumento perfecto para justificar la venta. Pero esa deuda fue generada bajo un sistema financiero global que endeuda para dominar.

El capital extranjero primero impone condiciones financieras asfixiantes y luego compra los activos del país en crisis.
Así, el mecanismo se repite: crisis–endeudamiento–privatización–dependencia.

Epílogo: el precio de la entrega

La venta de IMPSA a ARC Energy es más que una privatización. Es un símbolo del retorno del coloniaje industrial, una advertencia de lo que viene:
la entrega sistemática del patrimonio nacional al capital extranjero, bajo la narrativa del “mercado libre”.

Argentina no puede construir soberanía si entrega su tecnología.
No hay independencia posible sin industria nacional.
Y cada empresa que se vende a precio vil nos aleja un paso más de la Patria soberana que soñaron nuestros libertadores.

Conclusión:
IMPSA debía ser un emblema de la ingeniería argentina; hoy es un ejemplo del saqueo moderno.
El país que supo fabricar reactores nucleares y turbinas para el mundo vuelve a ser simple proveedor de materias primas y mano de obra barata.
La historia nos advierte: cuando los pueblos olvidan su industria, otros escriben su destino.


Fuentes

Chequeado: “El Gobierno de Javier Milei avanza en la privatización de IMPSA: qué es y a qué se dedica esta empresa metalúrgica.” https://chequeado.com/el-explicador/el-gobierno-de-javier-milei-avanza-en-la-privatizacion-de-impsa-que-es-y-a-que-se-dedica-esta-empresa-metalurgica/

Infobae: “Primera privatización de Milei: el Gobierno anunció que transferirá las acciones de IMPSA a un grupo inversor.” https://www.infobae.com/economia/2025/01/08/primera-privatizacion-de-milei-el-gobierno-anuncio-que-transferira-las-acciones-de-impsa-a-un-grupo-inversor/

Página/12: “Cornejo le pide a Milei por IMPSA.” https://www.pagina12.com.ar/840197-cornejo-le-pide-a-milei-por-impsa

MDZ Online: “IMPSA quedó en manos de una empresa radicada en un paraíso fiscal de Estados Unidos.” https://www.mdzol.com/politica/2025/2/13/impsa-quedo-en-manos-de-una-empresa-radicada-en-un-paraiso-fiscal-de-estados-unidos-1187852.html

Argentina.gob.ar: “El Gobierno Nacional y la Provincia de Mendoza firmaron el contrato de transferencia de las acciones de IMPSA.” https://www.argentina.gob.ar/noticias/el-gobierno-nacional-y-la-provincia-de-mendoza-firmaron-el-contrato-de-transferencia-de-las

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