El Mundial de Fútbol como espejo del orden mundial

 

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Cada Mundial de Fútbol cuenta una historia que va mucho más allá del deporte. Detrás de cada sede, cada ceremonia y cada partido, late el pulso del mundo en ese momento: sus tensiones, sus sueños, sus disputas y sus asimetrías. El torneo más visto del planeta funciona como un espejo donde las potencias buscan reflejarse y donde los países emergentes intentan hacerse visibles. El fútbol, quizás sin proponérselo, se convierte en un documento geopolítico viviente.

Este artículo propone leer la historia de los Mundiales como si se tratara de un mapa político en movimiento. Una narración que revela cómo cambia el orden global y cómo los Estados, las corporaciones y las sociedades usan el fútbol para decir algo de sí mismos.

 

El fútbol en la era de las potencias industriales (1930–1950)

Los primeros Mundiales nacen en un mundo marcado por los nacionalismos, la competencia entre Estados y la búsqueda de prestigio internacional. Uruguay 1930 y el posterior Mundial de Italia en 1934 muestran cómo los gobiernos entendieron desde el inicio el potencial simbólico del torneo.

En Uruguay, la joven nación buscó presentarse como un ejemplo de modernidad y bienestar en América del Sur. En Italia, el régimen de Mussolini convirtió el Mundial en una puesta en escena del poder fascista, con estadios monumentales y una narrativa centrada en la grandeza nacional. El fútbol servía como una herramienta para ordenar emociones colectivas y proyectar imagen hacia afuera.

En esta etapa, Europa era el centro del mundo industrial y político, pero América del Sur reclamaba un espacio propio a través del talento futbolístico. Brasil y Uruguay mostraron que la periferia también podía desafiar las jerarquías globales.

 

Mundiales en tiempos de Guerra Fría (1950–1990)

Con la Guerra Fría, los Mundiales pasaron a formar parte del tablero ideológico global. Aunque la disputa central era entre Estados Unidos y la Unión Soviética, el fútbol se convirtió en un escenario donde los países del llamado Tercer Mundo buscaban reconocimiento y dignidad.

La organización de Chile 1962 tras un devastador terremoto, la irrupción de selecciones africanas y asiáticas, y el rol simbólico de equipos como Brasil o Argentina, muestran cómo el deporte era un espacio de narrativa política. Cada triunfo de un país periférico se vivía como un cuestionamiento a las lógicas coloniales.

El Mundial también expresaba la polarización global. En 1978, Argentina ofreció al mundo una imagen festiva bajo una dictadura militar que utilizó el torneo para legitimarse. En 1982, España celebró su transición democrática al recibir a las selecciones del mundo en plena disputa por la identidad postfranquista.

En estos años, el fútbol era un campo de batalla emocional donde se jugaban expectativas, proyectos nacionales y relatos políticos.

 

La globalización neoliberal y el fútbol como industria (1990–2010)

A partir de los años noventa, el Mundial se transformó en un producto global. Las cadenas televisivas, las marcas multinacionales y las nuevas tecnologías de comunicación lo convirtieron en un espectáculo planetario. La FIFA pasó a funcionar como una especie de gobierno global del fútbol, más cercano a una corporación que a una federación deportiva.

La elección de Estados Unidos como sede en 1994 es un símbolo de este cambio: un país sin tradición futbolística recibió el torneo como una estrategia de expansión comercial. Alemania 2006 consolidó el Mundial como una maquinaria turística, económica y mediática.

En esta etapa, la política siguió presente, pero el centro de gravedad se desplazó hacia el mercado. El fútbol se convertía en una industria capaz de mover miles de millones de dólares y de definir posiciones en la economía global de la atención.

 

Multipolaridad, Estado-empresa y poder blando (2010–2022)

La década reciente muestra un giro geopolítico decisivo: los países que buscan desafiar el orden occidental comenzaron a usar el fútbol como herramienta de poder blando. Sudáfrica 2010 marcó un hito simbólico para África, pero fueron Rusia 2018 y Qatar 2022 quienes expresaron con mayor claridad esta nueva lógica.

Rusia utilizó el Mundial para mostrarse como un país moderno, seguro y culturalmente atractivo, en medio de tensiones con Occidente. Para Qatar, el torneo fue una gigantesca operación de reposicionamiento internacional, basada en infraestructura futurista y en la construcción de una imagen global a través del deporte.

En ambos casos, el Mundial fue parte de una estrategia donde el Estado actúa como una empresa y la empresa como un Estado. La frontera entre política, negocios y diplomacia se vuelve difusa. El fútbol deja de ser solo un espectáculo y pasa a ser una inversión estratégica para ganar influencia en un mundo multipolar.

 

El futuro: Mundiales como plataformas políticas, climáticas y tecnológicas

El fútbol del futuro estará aún más politizado, no necesariamente de manera visible, pero sí a través de las grandes discusiones globales. La sostenibilidad ambiental, el uso de inteligencia artificial, la seguridad digital, las migraciones y la desigualdad serán temas centrales de las próximas ediciones.

Los Estados verán en el Mundial una oportunidad para mostrar avances tecnológicos, implementar modelos de ciudad inteligente o impulsar transiciones energéticas. Las nuevas potencias buscarán sedes para fortalecer su narrativa internacional. Las redes sociales harán de cada partido un campo de batalla informativo.

En este contexto, el Mundial será cada vez más una plataforma donde se cruzan diplomacia, economía, espectáculo y geopolítica. Un espacio donde el poder no solo se muestra, sino que también se disputa.

 

Conclusión

El Mundial de Fútbol es mucho más que un torneo deportivo. Es un retrato del mundo en movimiento, un espejo donde cada época se mira a sí misma. A través de sus sedes, sus ceremonias y sus historias, podemos leer cómo cambian las relaciones de poder, cómo se reconfiguran las identidades nacionales y cómo los Estados buscan posicionarse en el escenario global.

Cuando la pelota rueda, también rueda la política. Y al final, entender el Mundial es otra forma de entender el mundo.


Fuentes

• La FIFA y la gobernanza del fútbol, Centro de Estudios Internacionales, Universidad de Barcelona

• El deporte como herramienta de poder blando, Real Instituto Elcano

• Historia política de los Mundiales, BBC Mundo

• Geopolítica del fútbol global, revista Foreign Affairs Latinoamérica

• Megaeventos deportivos y legitimación estatal, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)

• El uso político de Rusia 2018 y Qatar 2022, Deutsche Welle en español

• Documental "El negocio del Mundial", DW Documental en español


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